En la antigua África
En la civilización egipcia
Cada mañana Ra se eleva desde el horizonte oriental en su barca diurna (mandyet) hasta alcanzar el cenit del cielo como Hor-Ajty (el Rey, Hor, en su trono de luz, Ajty).
Y cada día al caer la tarde, Ra, bajo su forma de Atum (el sol anciano), se oculta majestuoso tras la montaña de occidente y desciende al reino del misterio convertido en Osiris, el «Señor de la Resurrección», «Juez de las almas» y «Rey del Inframundo», que gobierna con suprema bondad y justicia el reino invisible del más allá.
Entender la geografía sagrada del antiguo Egipto pasa por conocer su geografía celeste, por eso en el Discurso de Iniciación vemos que el dios Thot
le dice a su discípulo Esculapio: «¿Acaso ignoras tú, oh Esculapio, que
Egipto es la imagen del Cielo? ¿La proyección aquí abajo del orden que
reina en el mundo celeste?»
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